El derretimiento de hielos eternos supone para Rusia una catástrofe ambiental. El permafrost, que ocupa la mayor parte del territorio ruso, se puede reducir sustancialmente antes de 2020, predicen los científicos rusos.
El derretimiento de la capa de hielo permanente dará lugar a la erosión de los caminos y la destrucción de casas y otras edificaciones, construidas tomando en consideración este fenómeno geográfico. Pero lo que es aún peor: en los próximos 50 años Siberia corre el riesgo de convertirse en un cálido desierto, auguran los investigadores.
