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jueves, 29 de agosto de 2013

El meteorito de Chelyabinsk chocó con otro objeto antes de impactar en Rusia

Análisis realizados a los fragmentos recuperados revelan que la famosa roca pudo tener un encuentro anterior o acercarse demasiado al Sol


Un investigador sostiene un fragmento del meteorito que cayó en Rusia
El meteoro que el pasado 15 de febrero explotó en los cielos de la región de Chelyabinsk en Rusia, creando una onda de choque tan violenta que más de un millar de personas resultaron heridas, chocó contra otro objeto o se aproximó demasiado al Sol antes de cruzar la atmósfera de la Tierra como una bola de fuego. Así lo revelan los análisis de los componentes químicos de los fragmentos de la roca que han podido ser recuperados, dados a conocer en la conferencia Goldschmidt en Florencia (Italia).

miércoles, 20 de marzo de 2013

La NASA recomienda "rezar" ante meteoritos

El organismo desarrolla tecnologías capaces de desviar objetos que puedan impactar en la tierra y controla los objetivos "potenciales". Pero el espacio es "activo" e inmenso

El administrador de la NASA, Charles Bolden, tiene una recomendación sobre cómo manejar una emergencia como un enorme asteroide que se dirija hacia la ciudad de Nueva York: Recen.

Eso es todo lo que Estados Unidos -o cualquier otro país- podría hacer en este momento sobre asteroides y meteoritos desconocidos que podrían viajar en rumbo de colisión con la Tierra, dijo este martes Bolden en una audiencia ante legisladores del Comité de Ciencias de la Cámara de Representantes.

Un asteroide que se estima habría tenido 17 metros de diámetro estalló el 15 de febrero sobre Cheliábinsk, Rusia, generando ondas de choque que rompieron ventanas y dañaron edificios. Más de 1.500 personas resultaron heridas. Posteriormente ese día, un asteroide más grande y no relacionado, que había sido descubierto el año previo, pasó a unos 27.681 kilómetros de la Tierra, más cerca que los satélites de televisión y el clima que orbitan el planeta.


Los eventos "sirven como evidencia de que vivimos en un sistema solar activo con objetos potencialmente peligrosos que pasan por nuestro vecindario con sorprendente frecuencia", dijo el representante Eddie Bernice Johnson, un demócrata de Texas.

La NASA ha hallado y está siguiendo a cerca de un 95% de los objetos más grandes que vuelan cerca de la Tierra, aquellos que tienen un diámetro de 1 kilómetro o más. "Un asteroide de ese tamaño, un kilómetro o más, podría de forma plausible terminar con la civilización", dijo el asesor de ciencias de la Casa Blanca John Holdren a legisladores en la misma audiencia.


Pero cerca de un 10 por ciento de un total estimado de 10.000 posibles asteroides "mata ciudades", aquellos con un diámetro de 50 metros, han sido hallados, agregó Holdren. En promedio, objetos de ese tamaño caen sobre la Tierra una vez cada 1.000 años. "A partir de la información que tenemos, no sabemos de un asteroide que vaya a amenazar a la población de Estados Unidos", dijo Bolden. "Pero si eso ocurre en las próximas tres semanas, recen", agregó.

La NASA está buscando desarrollar tecnologías que desvíen a un objeto que podría viajar con curso de colisión con la Tierra. "Las posibilidades de que un objeto cercano a la Tierra nos golpee provocando una enorme cantidad de víctimas y destrucción de infraestructura son muy pequeñas, pero las potenciales consecuencias de tal evento son tan grandes que tiene sentido el asumir seriamente el riesgo", dijo Holdren.

Fuente: Infobae.com

lunes, 1 de octubre de 2012

Casi 600.000 asteroides catalogados en la actualidad podrían amenazar a la Tierra


Un espectacular (y estremecedor) vídeo nos muestra cómo ha ido aumentando nuestro conocimiento sobre la cantidad de asteroides cercanos a la Tierra, muchos de ellos potencialmente peligrosos para nosotros. El número total, en efecto, ha pasado de los cerca de 9.000 conocidos en 1980 a los casi 600.000 catalogados en la actualidad.

588.992. Ese es el número total de asteroides cercanos a la Tierra (es decir, desde aquí hasta Júpiter) descubiertos por la Ciencia entre 1980 y 2012. Y la cifra crece a ritmo acelerado, al mismo tiempo que las técnicas y los instrumentos de detección se hacen más y más sofisticados. Baste decir que en 1980 los astrónomos solo tenían "controlados" unos 9.000 asteroides. Y muy pocos de ellos, además, cruzaban la órbita de nuestro mundo, por lo que nadie, o casi nadie, pensaba que pudieran constituir un peligro para nosotros. 

Diez años después, en 1990, la cifra había crecido hasta superar ligeramente los 15.000. Muy poco si se compara con los cerca de 23.000 que engrosaban las listas apenas cuatro años después, en 1994. Pero fue precisamente ese año cuando la Ciencia se dió cuenta de repente de la amenaza potencial que este ejército de vagabundos espaciales podría suponer para nosotros. En 1994, en efecto, los astrónomos, y el mundo entero, fueron testigos de un hecho excepcional: la colisión directa de un cometa, el Schoemaker-Levi, contra Júpiter. 

Fue la primera observación directa de una colisión extraterrestre entre objetos del Sistema Solar. La primera vez que un acontecimiento así pudo ser fotografiado y filmado con todo detalle. El gran cometa, descubierto un año antes, se rompió en una decena de fragmentos (los mayores de ellos de hasta dos km. de diámetro) debido a la enorme gravedad del planeta. Y esos fragmentos, uno detrás de otro, chocaron contra Júpiter entre el 16 y el 22 de julio de 1994, a una velocidad de unos 60 km. por segundo e infligiendo al gigante gaseoso enormes "heridas", muchas de ellas con un tamaño mayor que el de la Tierra. 

Fue como un jarro de agua fría que, casi de un día para otro, despertó el interés de los científicos y aflojó el bolsillo de los políticos. ¿Podría una catástrofe similar suceder también en la Tierra? ¿Cuántos asteroides y cometas podrían ser peligrosos para nosotros? ¿Con cuánto tiempo se podría preveer una colisión directa? ¿Qué podríamos hacer para evitarlo? 

Las reacciones no se hicieron esperar. Ambiciosos programas de detección se pusieron en marcha en numerosos países, liderados por los Estados Unidos. Una red cada vez más tupida de telescopios empezó a peinar los cielos con el único objetivo de descubrir a un enemigo que normalmente no brilla y que es, por lo tanto, muy difícil de detectar. A ellos se unió pronto toda una flotilla de satélites de observación, equipados con los más modernos instrumentos de observación. 

El resultado fue un incremento espectacular en el número de descubrimientos, y la catalogación y seguimiento sistemático de un número creciente de asteroides y cometas que podrían, en algún momento, impactar contra nuestro planeta. Sabemos lo que una de estas rocas, si tiene el tamaño suficiente, puede hacer. Una de ellas, de 10 km. de diámetro, cayó en el mar hace 65 millones de años frente a la península de Yucatán, en México, y causó la desaparición de casi el 70% de todas las especies vivas del planeta, entre ellas los dinosaurios. 

Para el año 2000, seis años después del gran impacto contra Júpiter, el número de asteroides cercanos conocidos se había disparado ya hasta los 125.000, cifra que se ha multiplicado de nuevo por más de cuatro hasta el presente. 

En el vídeo que encabeza estas líneas, realizado por el astrónomo Scott Manley, se aprecia cómo se ha producido esta progresión. Alrededor del Sol (en amarillo), giran Mercurio, Venus, la Tierra, Marte y Júpiter (bolas azuladas). A lo largo del vídeo y según transcurren los años, los nuevos descubrimientos de asteroides se iluminan en forma de puntos blancos. 

Los puntos verdes corresponden a objetos individuales en el cinturón de asteroides, el "vacío" planetario que existe entre Marte y Júpiter y que está ocupado por cientos de miles de rocas de todos los tamaños. En amarillo, los asteroides que cruzan la órbita de Marte y en rojo los que cruzan la órbita de nuestro mundo. Esos son, sin duda, los más peligrosos. 

A medida que avanzan los años en el vídeo, el panorama se va llenando con los nuevos hallazgos. Al final, sorprende que la Tierra pueda siquiera moverse sin chocar con alguno de los numerosísimos puntos rojos que zumban a su alrededor en todas direcciones. 

Se trata, sin duda, de una de las mejores y más ilustrativas visualizaciones científicas nunca realizadas sobre el tema. Y una prueba más de que no podemos permitirnos el lujo de bajar la guardia. El número de asteroides conocidos sigue aumentando, y con él la atención de los científicos. Cada vez hay menos posibilidades de que uno de estos vagabundos espaciales nos pille por sorpresa.

Fuente: ABC