Las protestas contra el 'fracking', o fractura hidráulica, aumentan en Reino Unido y EE.UU. a medida que se intensifican los daños ambientales causados por esta técnica, que tiene el beneplácito de petroleras y políticos de ambos países.
El 'fracking' consiste en la inyección en el subsuelo de grandes volúmenes de agua a profundidades superiores a los tres kilómetros para poder liberar el gas subterráneo. Los expertos prevén que en 2040 la cantidad de gas obtenido por este método superará a los volúmenes extraídos mediante el resto de técnicas existentes. Es por ello que tanto empresas como políticos de todo el mundo se han mostrado decididos a apoyar esta forma de extracción.